Una de las historias más tristes en lo referente a esfuerzos de conservación es la de la anguila europea. Este pez alguna vez fue abundante y sirvió como una parte importante de la alimentación en muchos países europeos con salida al Atlántico, pero en la segunda mitad del siglo veinte, las poblaciones de anguilas a lo largo de toda Europa comenzaron a descender rápidamente. La pérdida de las vías fluviales en las que habitaban, la contaminación y la degradación del ambiente redujeron a la anguila hasta convertirla en una especie amenazada.

España fue uno de los países donde se observó con más fuerza el descenso poblacional de la anguila, en un principio se consideró solo una tendencia momentánea que se revertiría con el paso del tiempo, sin embargo, el número de anguilas nunca se recuperó y fue señalada como una especie en peligro crítico. Las distintas regiones de España tomaron diversas decisiones y medidas con respecto a la conservación de estas, pero ninguna fue tan severa como la regulación impuesta en Andalucía, que en 2010 prohibió la captura de ejemplares adultos y juveniles en las aguas marítimas, interiores y continentales del territorio andaluz.

Esta medida de conservación se tomó con la esperanza de permitir a la población de anguilas recuperarse y salir de su estado de especie amenazada, pero después de diez años, la recuperación de las anguilas aún no es satisfactoria. Por este motivo, las autoridades de Andalucía han decidido extender el periodo de prohibición por los próximos diez años, con la intención de seguir protegiendo y estudiando a la vulnerable población de anguilas 

El misterioso viaje de la anguila

La anguila alguna vez se consideró una plaga en los ríos de Europa y ahora difícilmente se le ve

Las anguilas representan uno de los casos más complejos en lo que se refiere a medidas de conservación, esto se debe principalmente a su peculiar estilo de vida. Durante siglos no se tenía demasiado claro de dónde provenían las anguilas, ni los pormenores de su proceso reproductivo; pero en el siglo pasado, se descubrió finalmente que las anguilas crecen y se desarrollan en las aguas continentales de ríos y lagos, y que al alcanzar la madurez, migran hasta las profundidades del mar de los sargazos donde se reproducen dando lugar a una nueva generación de larvas de anguila. Estas larvas microscópicas se mueven siguiendo las corrientes oceánicas durante meses hasta alcanzar las costas occidentales de Europa y el agua dulce que necesitan para desarrollarse.

Un ciclo reproductivo tan complejo presenta innumerables dificultades a la hora de establecer medidas de conservación funcionales. Aunque todos los países con poblaciones de anguilas tomen las medidas necesarias para protegerlas, sigue siendo prácticamente imposible controlar las condiciones del océano Atlántico, y harían falta tratados internacionales de gran envergadura para mantener a raya otras amenazas como la contaminación o el tráfico oceánico. Tristemente, las medidas de conservación regionales, como la implementada en Andalucía, probablemente no sean suficientes como para revertir la situación de la anguila como especie amenazada.

En nuestra esquina del mundo

Aunque a primera vista puede parecer que las medidas de conservación para la anguila en Andalucía son solo un gesto superfluo, en realidad este tipo de medidas constituyen un esfuerzo admirable por mantener lugares del mundo donde las especies amenazadas pueden estar parcialmente protegidas de la presión que las pone en peligro. 

Lugares como Andalucía permiten estudiar a las anguilas y comprender mejor el efecto de las actividades humanas sobre su abundancia