Investigaciones recientes impulsadas por la Universidad de Navarra han dado con el descubrimiento de la Pseudosinella altamirensis, una clase de colémbolo  (artrópodos de seis patas con características similares a los insectos con extremidades especiales para saltar) de un milímetro de longitud. Su nombre se debe al género dentro de su especie en un estudio que ya ha salido a la luz en la revista ZooKeys.

Su descubrimiento es resultado de una serie de investigaciones iniciadas por Carlos González Luque desde el año 2000 sobre la fauna invertebrada que habita en la Cueva. El proyecto ha contado con el soporte del Gobierno de Cantabria, el Centro de Investigación de Altamira y el Museo Nacional. De acuerdo con el investigador, la existencia de esta especie había pasado desapercibida en un espacio frecuentemente estudiado. En su opinión, las razones se deben a que los ejemplares tienden a migrar en busca de alimentos y cuentan con múltiples lugares para escapar o refugiarse.


Se cree que puede dañar las obras en el interior de la Cueva al propagar microorganismos/ UNAV

Supondría una amenaza para las pinturas

No obstante, el equipo de investigación ha considerado necesaria la realización de otro estudio sobre la especie para conocer si las obras en el interior de la Cueva podrían estar en riesgo. Estiman que los ejemplares pueden servir como vectores de diseminación de microorganismos, bien sea por estar adheridos a su cuerpo o por deshacerse de ellos tras digerir sus alimentos.

Por su parte, Enrique Baquero, al mando de la investigación, sostiene que el interior de las cavidades es propenso para la biodiversidad dadas las condiciones del entorno. Sobre los colémbolos, explica que estos por lo general son animales fungívoros (se alimentan de hongos) y en su búsqueda de alimentos pueden esparcir esporas perjudiciales para las pinturas en su interior, que recogen un episodio prehistórico de gran importancia, catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)

Además, Lucía Labrada, bióloga integrante del equipo de investigadores, estima que es preciso analizar el tracto digestivo del animal mediante el microscopio para esclarecer si es capaz de propagar bacterias al defecar. También han sugerido al Museo de Altamira estudiar el comportamiento de las distintas bacterias que hacen vida en la Cueva en busca de algún tipo de relación entre ellas que pudiera favorecer el intercambio, específicamente si los microorganismos en cuestión pueden dañar las pinturas de algún modo.