En muchas ocasiones la protección de los ecosistemas da lugar a temas complejos para las personas envueltas, estas complicaciones pueden ser de índoles diversas como se nota en el caso de la laguna de Doñana. La laguna es un ecosistema grande que tiene un papel fundamental para el funcionamiento de los ambientes y las comunidades que le rodean. Su suministro de agua a las comunidades locales es célebre y su acuífero se considera la base de la industria agrícola circundante.

Por otro lado, también es un área con un valor ecológico sorprendente, fruto de su biodiversidad y los servicios ecológicos que brinda al entorno que le rodea, es lógica la necesidad de resguardar el bienestar de Doñana como un ecosistema irremplazable e importante. Este resguardo se da a través de múltiples medidas judiciales que definen las conductas dañinas para el ambiente y establecen la pena conlleva incurrir en ellas. De esta manera, las autoridades pueden valerse de la ley y prevenir las conductas que causan daño a Doñana.

Sin embargo, esta situación por sí misma genera un conflicto: sin importar el valor del ecosistema de la laguna no se puede restringir a la población el acceso a su agua; pues eso sin duda amenazaría la calidad de vida de comunidades enteras. No obstante, lo opuesto también es verdad, aunque los derechos de las personas son inalienables, si se da un abuso desproporcionado del ecosistema entonces su degradación terminará afectando a la población, y eso sin considerar los efectos irreparables que causaría sobre la biodiversidad y el medio ambiente.

Leyes y detalles

La gran problemática de Doñana proviene de la regulación de extracción de agua, que establece de manera incierta la cantidad que se puede extraer del ecosistema. La ley postula que no se permite una extracción excesiva de agua y aunque se da a entender que una extracción excesiva es cualquiera que afecte negativamente al ecosistema y su funcionamiento, las autoridades locales argumentan que si el consumo no ha crecido entonces los niveles de extracción no se deberían considerar excesivos.

Mientras tanto, los gestores de la Unión Europea dicen que el verdadero problema que genera un riesgo para el ecosistema de Doñana no es un exceso en la extracción de agua sino una gestión deficiente de las actividades de extracción. Desde hace años, la extracción del acuífero ha ido aumentando debido a extracciones ilegales, este volumen de agua sustraída ilegalmente no es manejado por las autoridades pertinentes y los valores de extracción ilegal estimados son excluidas de los cálculos del agua retirada del acuífero. Los supervisores aseveran que una omisión tan importante evidencia por sí misma una mala gestión y que no se puede estimar si el retiro de agua es excesiva porque no se tienen datos confiables al respecto. Los supervisores puntualizan que si no hay manera de conocer el verdadero volumen de agua extraído debería ponerse atención a los efectos que evidencian una degradación del ecosistema como señal de que se está retirando demasiada agua.

Resguardando Doñana

A medida que el agua de Doñana retrocede deja tras de sí un paisaje de dunas estériles

En la actualidad, la administración de Doñana encara una difícil encrucijada: disminuir el acceso de la comunidad al agua disminuyendo la agricultura y el bienestar de la población en general o permitir las extracciones descontroladas arriesgándose a seguir dañando un ecosistema que ya se encuentra profundamente afectado. Sin embargo, la respuesta es simple aunque no sea fácil, el bienestar de Doñana debe ser prioritario suspendiendo las actividades de extracción de agua, para después aplicar mejores medidas de gestión para los recursos hídricos del acuífero esperando que permitan conocer con precisión la cantidad de agua extraída y el efecto de estas actividades sobre la biodiversidad y el ecosistema. Siguiendo estas pautas Doñana prosperará y seguirá dando agua y belleza a las comunidades que le rodean.