Copenhague se encuentra por encima de ciudades europeas como Ámsterdam, Oslo o Barcelona en cuanto a movilidad sostenible. Los daneses se han propuesto que para el año 2025 su ciudad estará completamente neutra en cuanto a emisiones de dióxido de carbono. Para ello, estiman que el transporte automovilístico represente solamente el 25 % del total de la movilidad, mientras que el resto sea a bicicleta, transporte urbano o simplemente a pie.

Siendo la bicicleta la alternativa de movilidad más viable dentro de la ciudad, Copenhague ha resuelto el problema de la congestión en las ciclovías ampliando los carriles y aumentando el número de vías. También ha aumentado el uso de bicicletas de carga que permiten, adicionalmente, transportar a los niños.

Otro aspecto que contribuye a una movilidad más limpia ha sido el fomento de los coches eléctricos, dándole excepción al pago del impuesto por matrícula, aumentando estaciones de carga y creando sitios de aparcamiento gratuito. Por el contrario, los coches que emiten gases producto de los motores de combustión cada vez pagan más impuestos.

Los ciudadanos de Copenhague cuentan con una red de transporte verde, integrada y eficiente

En Copenhague, como en ninguna otra ciudad, se ha ido aplicando el desarrollo urbano integrado, donde la mejora en la calidad de vida está basado en el equilibrio entre los desarrollos social, económico y ambiental. El crecimiento económico y la prosperidad, implican un crecimiento poblacional que exige más empleo y por lo tanto demanda la necesidad de aumentar el espacio y la movilidad.

La arquitectura urbana de la ciudad se ha ido adaptando no solamente por la ampliación de las ciclovías, sino por los lugares de aparcamiento, la instalación de semáforos inteligentes con cámara y luces LED en el suelo para orientar a los ciclistas.

El cambio en la cultura urbana de los ciudadanos ha sido la clave del éxito

Desde los años 60’s se comenzó a cambiar la cultura en cuanto al uso de coches de tal manera de ir ganando espacios libres de automóviles en el centro de la ciudad. Esto hizo que los ciudadanos desarrollaran una cultura urbana distinta, donde predomina la responsabilidad y el respeto por el medio ambiente, en contraste con esas grandes urbes, donde el ser humano compite por los espacios que ocupan los coches, o donde la gente para moverse a pocos metros de su casa hace el uso del automóvil o la motocicleta, liberando grandes cantidades de dióxido de carbono.

Estas medidas de movilidad sostenible van integradas a otras muy importantes para el ambiente, como lo son la instalación de una planta generadora de energía a partir de residuos, aunadas a la instalación de turbinas eólicas y paneles solares que contribuirán a que Copenhague alcance tener una huella de carbono cero.

La capital de Dinamarca es un ejemplo a imitar por el resto del mundo para lograr ciudades más humanas y más amigables con el ambiente