Toda actividad realizada por los seres humanos en el medio ambiente puede resultar en daños que disminuyen su calidad y afectan su funcionamiento. En el presente, se busca minimizar estos impactos con el objetivo de preservar la ecología y el bienestar del medio ambiente, lamentablemente esto no siempre es posible y existen muchas actividades humanas que, aún después de esfuerzos significativos, siguen pasando una costosa factura a los ecosistemas. El tema que hoy nos ocupa además tiene el valor adicional de ser una de las principales fuentes de alimento alrededor del mundo, se trata nada más y nada menos que de la pesca incidental.

Las operaciones de pesca se basan en la aplicación de un cierto esfuerzo de pesca en un área determinada con el fin de extraer productos pesqueros, el problema radica en que estás operaciones no son infalibles desde el punto de vista de la precisión, y por tanto es común que se extraigan del medio ambiente cierto volumen de organismos indeseados. 

Este fenómeno se conoce como pesca incidental y ocurre porque las herramientas y técnicas que se usan para las operaciones de pesca no solo son efectivas hacia las especies objetivo sino que también pueden atrapar a otros organismos que por su tamaño, especie u otras cualidades, no resultan llamativos para las embarcaciones pesqueras. 

Este tipo de extracción es muy difícil de controlar y su efecto sobre la ecología de los ecosistemas suele ser difícil de anticipar debido a la alta variedad de especies que afecta, y a medida que aumenta nuestra dependencia de los mares como fuente de alimento, el daño producido por la pesca incidental se hace cada vez más profundo.

Matanzas incidentales

La cantidad de muertes causadas por la pesca incidental es bastante variable y difícil de comprender pues depende en gran medida del tipo de aparejos de pesca que se utilicen, esto tiene como resultado una variabilidad importante en lo referente a cómo estas acciones afectan a las poblaciones del medio ambiente acuático y cómo estos daños recaen sobre su ecología.

Por ejemplo, las líneas de anzuelos con carnada no solo atrapan a los peces de ecosistemas pelágicos sino también a las aves marinas que se sumergen en busca de alimento y muchas veces terminan atrapadas por los anzuelos, esto a su vez causa la mortalidad de los polluelos que dependen de sus padres para alimentarse resultando en un golpe doloroso para el medio ambiente.

Las redes de enmalle también producen más muertes de las previstas pues es común que atrapen no solo a los cardúmenes de especies objetivo sino también a otros que se alimentan de ellos, como tiburones, delfines y hasta medusas, que no pueden aprovecharse como alimento. Las redes de cerco por otro lado, suelen atrapar a tortugas y cetáceos que mueren ahogados si no logran liberarse, e incluso cuando pueden hacerlo suelen quedar lastimados. 

Estas redes amenazan el balance natural de los ecosistemas al afectar diferencialmente a las poblaciones que conforman el medio ambiente y permiten que algunas de ellas crezcan peligrosamente mientras otras disminuyen.

Tumbas submarinas

La pesca incidental revela también una de las verdades incómodas del modelo de pesca actual que tiende a producir una gran cantidad de desperdicios en la forma de organismos, que por un motivo u otro, no pueden ser aprovechados como recursos pesqueros, de tal manera que su extracción daña netamente al ecosistema. El nivel de alimento obtenido mediante el uso de dispositivos como redes de arrastre o trampas submarinas no justifica el daño que producen a la ecología de los mares.

Como seres pensantes y responsables de nuestros actos, estamos en la necesidad de solucionar el problema de la pesca incidental antes de que sea demasiado tarde para el medio ambiente y su deterioro nos afecte.