En España tenemos dos subespecies de urogallo. Una, la pirenaica, que en los últimos 15 años, ha perdido en 25 % de su población. La otra, es el urogallo cantábrico cuya población ha disminuido un 45 % en los últimos 20 años.

El urogallo cantábrico (tetrao urogallus cantabricus) es una subespecie del urogallo común que se encuentra en peligro crítico de extinción en España, según la Unión Internacional para la conservación de la Naturaleza (UICN).

Su amenaza se debe a una combinación de factores: la intensa caza a la que estuvo sometida durante la mayor parte del siglo pasado, centrada sobre todo en los machos adultos durante la época de apareamiento, la fragmentación de su hábitat a causa de la proliferación de pistas e infraestructuras, su baja tasa de reproducción, los depredadores, la calidad del hábitat y el cambio climático.

A pesar de existir una Estrategia Nacional de Conservación desde 2004, y que desde 2010 se han invertido 5.9 millones de euros en un proyecto para su conservación, no se ha conseguido revertir la tendencia negativa de la especie

El urogallo es de color negro pizarra, con alas pardas y pecho azulado verdoso. La cola es oscura con manchas blancas, que abre en el cortejo en forma de abanico. Sobre el ojo tiene como una ceja color rojo intenso, que se denomina carúncula. Bajo el pico, el macho posee unas plumas a modo de barba.

Los machos y las hembras se diferencian por su tamaño y coloración. Los machos son más grandes, pesan entre 3.3 y 6.7 kg, pueden medir de 74 a 115 cm y  llegan a tener una envergadura alar de 1,2 metros. La hembra es más pequeña que el macho, mide entre 52 y 68 cm, y pesa entre 1.5 y 2 kg. Es parda con manchas oscuras y blancas, ayudándola a camuflarse en su hábitat. 

Tienen una puesta de entre cinco y diez huevos. Eclosionan a las cuatro semanas. Las hembras ponen sus huevos en un hoyo en el suelo, donde son objetivo fácil para jabalíes  y comadrejas. La mortalidad es muy alta en las primeras semanas de vida.

Se alimentan principalmente de arándanos pero también comen hojas y frutos de plantas como acebos, hayas, robles y abedules. A sus crías las alimentan con gusanos de arándanos

El primer censo completo de la especie revela que quedan solo 292 ejemplares en la Cordillera Cantábrica. Durante la época en la que se realizó la caza intensiva de machos, la población pudo pasar por una disminución importante denominada cuello de botella, algo que deja huella en las características genéticas de la especie debido a que se produce una pérdida de la variabilidad. 

La pérdida de variabilidad reduce la continuidad de la especie a medio y largo plazo, debido a que disminuyen las posibilidades de afrontar cambios en el ambiente, como la llegada de epidemias o cambios en el hábitat. 

Los 292 ejemplares contabilizados en la cordillera cantábrica, aproximadamente dos tercios corresponden a ejemplares machos y una tercera parte a hembras, lo que dificulta el crecimiento poblacional.

Ninguna de las actuaciones llevadas a cabo han dado resultado. Evitar la extinción del urogallo cantábrico va a depender de tareas tan gigantescas como frenar el cambio climático

La metodología de muestreo y análisis estadístico empleada para la elaboración del censo, es la misma que se utiliza para otras especies de fauna amenazada como el oso pardo o lobo ibérico a través de técnicas genéticas de individualización.

Debe garantizarse que se blinden los últimos territorios donde todavía sobrevive algún ejemplar de urogallo silvestre en Asturias y en Castilla y León, y se aumente el hábitat adecuado disponible para su expansión. El refuerzo de las tareas de conservación garantizará la supervivencia de esta especie emblemática.