La bicicleta que es una de las mejores alternativas ecológicas para la movilidad sostenible en los trayectos cortos en las grandes ciudades, sobre todos aquellas que se encuentran afectadas por la emisión de gases invernadero. Además, nos permite mantenernos en buen estado salud, ayudando a conservarnos en forma y con una buena condición física.

Hay bicicletas a las cuales le ha sido instalado un motor eléctrico facilitando el pedaleo y contribuyendo a la movilidad para aquellas personas que no gozan de una condición física adecuada o cuando se requiere recorrer mayores distancias con menos cansancio físico.

Otra alternativa de transporte sostenible más reciente y extendida son los patinetes eléctricos, los cuales son recargables e igualmente contribuyen en no contaminar la atmósfera con emisiones de carbono, pudiéndose alcanzar velocidades superiores a los 25 kilómetros. Lamentablemente, disminuye la actividad física, lo cual no es bueno para superar ese estado de sedentarismo que vivimos en la actualidad. Su uso está sujeto a regulaciones establecidas por las autoridades citadinas.

La micromovilidad asistida por un motor eléctrico no favorece la actividad física

Es el caso por ejemplo en la ciudad de Madrid, en donde existen alrededor de 14 empresas dedicadas al alquiler de patinetes eléctricos y donde el ayuntamiento ha establecido una normativa estricta para la movilidad para este tipo de vehículo.

Si bien el uso de baterías eléctricas contribuye a que no se emitan gases invernadero, existen problemas asociados a los componentes de las mismas, los cuales son potencialmente agresivos al ambiente. Estos componentes son principalmente metales pesados como el cobalto, el litio y níquel.

Estas baterías no siempre son desechadas de la forma más adecuada en puntos verdes, y esto metales terminan contaminando las aguas servidas y los suelos. Por otra parte, la extracción de estos metales en muchos países implica la explotación de personas, las cuales no tienen protección para su seguridad personal, aparte de la explotación infantil.

La Unión Europea ha buscado durante todos estos años impulsar la movilidad sostenible mediante la bicicleta, por lo que ha sugerido a los países miembros el fomento de uso, las adecuaciones viales y de aparcamiento necesarias en las grandes urbes.

En las ciudades del norte de Europa es común el uso de la bicicleta, bien sea a particular o pública, forma parte de su cultura en el caso de países como Dinamarca, Holanda, Francia, Austria y Alemania entre otros, en donde se han creado calles y ciclovías llamadas vías saludables para este tipo de circulación, así como áreas de aparcamiento en los sitios de trabajo específicos para este tipo de transporte.

En España, la ciudad de Sevilla es la que tiene la mejor red ciclista siendo referencia mundial, le siguen Barcelona, Valencia, Zaragoza y Vitoria-Gasteiz

En Norteamérica, la ciudad de Nueva Orleans cuenta con 2 200 kilómetros de carriles y, pese a que se estima que existen 1.6 millones de bicicletas, no dispone de suficientes plazas para un aparcamiento seguro. Además, la pandemia ha provocado una disminución severa de la movilidad por esta vía.

Durante este duro período de crisis sanitaria debido a la covid, donde el confinamiento es la norma y la movilidad limitada en cuanto el uso de coches, el uso de la bicicleta es el más adecuado. No es de extrañar que durante el año pasado, los ciudadanos de la ciudad de Madrid se hayan manifestado mayoritariamente, solicitando ante las autoridades citadinas del Ayuntamiento ciclovías más seguras e interconexiones a lo largo de la ciudad.