Administrar el medio ambiente y vivir en armonía con él no suele ser fácil, la mayoría de las veces requiere un trato firme por parte de las autoridades y un enfoque que ponga primero las necesidades del ecosistema. Sin embargo, la complejidad del manejo ambiental hace que no siempre sea fácil discernir un curso de acción adecuado.

Tomemos por ejemplo la región de La Rioja, con su clima árido y veranos calurosos es una de las zonas de España que presenta un mayor riesgo de incendios forestales. Estos eventos catastróficos pueden llegar a tener efectos devastadores sobre una gran extensión de terreno, generando muchísimo daño al medio ambiente y las personas que dependen de él para su subsistencia. Afortunadamente las autoridades comunitarias tienen un cuerpo de bomberos bien preparado y una sólida planificación para encarar los incendios que mitiga en gran medida el daño que estos causan, sin embargo con el paso del tiempo, una serie de factores se han ido acumulando para poner a la región en un estado de alarma ante nuevos incendios de una magnitud sin precedentes.

Todo empezó entre finales de la década de los 80’s e inicios de lo 90’s, hasta este momento el ecosistema de La Rioja se conformaba casi completamente por un paisaje serrano con un alto nivel de ocupación por parte de la población rural de la región, que como parte de sus trabajos de ganadería y agricultura había generado grandes extensiones de terrenos desarbolados a lo largo del territorio, estas porciones de terreno disminuían en gran medida la cantidad de material vegetal que podía servir como combustible para los incendios forestales y además servían como cortafuegos, aislando las porciones de terreno con más cobertura vegetal, de tal manera que, en caso de un incendio, las llamas no se extenderían hasta el punto de salirse de control. 

Aumenta la vegetación y el riesgo

De esta forma se mantenía un nivel de riesgo por incendio forestal relativamente bajo dentro de la región. Sin embargo, en las últimas décadas se ha visto una tendencia de la población rural a abandonar el campo en favor de la vida en las ciudades, esto generalmente viene acompañado por la desocupación del territorio que usaban y una disminución de la presión sobre el medio ambiente. Cada vez que un ganadero abandona, el ecosistema disminuye la cantidad de terreno que despeja para su labor, la cantidad de material vegetal que consume como combustible o materiales y la cantidad de vegetación consumida por su ganado.

Esto trajo como resultado un aumento progresivo de la vegetación a lo largo del paisaje, los amplios pastizales que una vez sirvieron para alimentar rebaños y sembrar cultivos fueron reemplazados por matorrales pequeños que posteriormente dieron lugar a arbustos espinosos que finalmente son suplantados por árboles aislados. A primera vista, esto podría parecer beneficioso para el medio ambiente de La Rioja, después de todo está regresando a su conformación original, sin embargo durante la estación seca, los arbustos y matorrales se marchitan rápidamente, convirtiéndose en grandes cantidades de combustible ideal esperando una chispa para dar inicio a un incendio.

Sin salidas fáciles

Después de los incendios severos la tierra puede tardar mucho en recuperarse

Actualmente no hay una solución ideal para la catástrofe que podría estarse gestando en La Rioja, la extensión y topografía del terreno hacen que sea difícil retirar el material vegetal para controlar la expansión de futuros incendios, de igual manera la capacidad de la fuerza de bomberos de La Rioja ante incendios de gran tamaño resulta incierta y no sería responsable solo confiar en su capacidad de respuesta. 

A corto plazo, la única opción responsable para con el ecosistema de La Rioja y su población sería reforzar los servicios forestales encargados de despejar la vegetación y las fuerzas de bomberos encargadas controlar los posibles incendios. Solo la actuación de estos grupos puede no parecer suficiente, pero es la única opción sensata mientras se desarrollan nuevas políticas de gestión forestal adaptadas a las necesidades del medio ambiente y los desafíos presentados por el cambio climático.