Gran Canaria se mantiene en alerta desde el 12 de octubre luego de que el Gobierno declarara la alarma ante la posibilidad de incendios forestales. Los funcionarios de la  Dirección General de Seguridad y Emergencias ya se encuentran preparados con vehículos y helicópteros para atender emergencias.

Las altas temperaturas (que oscilan entre 28 y 34 °C), sequía (humedad por debajo del 30%), insuficientes precipitaciones durante el año, calima parcial y los vientos ligeros propensos a cobrar vigor en los próximos días han hecho que el Gobierno de Canarias habilite el Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Incendios Forestales de la Comunidad Autónoma de Canarias (Infoca).

Las autoridades han reiterado a la ciudadanía que está prohibido arrojar basura y objetos encendidos como cerillas o colillas en lugares no permitidos, así como el empleo de cualquier tipo de fuegos de artificio. Igualmente, llaman a realizar trabajos de desmalezamiento  en las cercanías de las casas, almacenar agua, contar con herramientas indispensables en caso de incendio (mangueras, hachas, etc.) y no hacerse eco de rumores. En caso de observar fuego, el número 112 estará a disposición de los usuarios para atender el incidente. Los dueños de animales deberán estar al día con toda documentación sanitaria si algún ejemplar necesita ser trasladado a un refugio provisional junto a otros animales antes de ser devuelto.

Durante agosto de este año tuvo lugar un incendio forestal en Garafía, que cubrió 1.178 hectáreas. Un antecedente de mayores proporciones se registró hace 13 años, cuando una cuarta parte de Gran Canaria sufrió daños severos a causa de los incendios forestales, especialmente en Tenerife y La Gomera. Las pérdidas de vidas animales y económicas (viviendas, vehículos, etc.) fueron significativas.

Denuncias por quemas y fogatas durante el año

Alrededor de 20 denuncias han sido interpuestas por el Cabildo de Gran Canaria a lo largo de 2020 motivadas por las quemas y fogatas no permitidas, especialmente durante julio y septiembre, época de mayor vulnerabilidad ante posibles incendios.

Los protocolos para realizar quemas señalan que las llamas deben estar dentro de un espacio limitado con vigilancia permanente. Al mismo tiempo, debe haber grandes cantidades de agua. No están permitidas durante la estación veraniega ni cuando la temperatura sea mayor de 27 grados o los vientos tengan una velocidad mayor a los 25 kilómetros por hora.