Nuevos estudios dicen que la crisis de la COVID-19 ha motivado a los europeos al consumo ecológico, por ello la tendencia comprar y consumir alimentos de mayor calidad está en aumento. La pandemia ha cambiado los hábitos alimenticios de la población europea, que está cambiando su dieta apuntando al bienestar y la sostenibilidad.

La tendencia se ha reflejado en las ventas, hay una mayor conciencia sobre los productos locales, la gente ha desarrollado empatía por las tiendas pequeñas y ha desarrollado un mayor interés por los productos ecológicos.

Los agricultores españoles podrían beneficiarse de la creciente demanda, aunque España no encabeza la lista como consumidor europeo de productos ecológicos (un mercado liderado por Alemania), somos el principal productor y suministrador de productos ecológicos de toda Europa: el 35 % de los alimentos orgánicos que se consumen en el continente proceden de nuestro país, y el 75 % de la producción ecológica española se destina a la exportación.

Joan Mir, director general de una de las mayores cooperativas alimentarias de España, ANECOOP, dice que hubo un aumento sustancial en las ventas de productos asociados a reforzar el sistema inmunológico, como los cítricos y algunas verduras como las zanahorias

Los expertos manifiestan que los desequilibrios ecológicos del planeta, reflejados por la simplificación de los ecosistemas, el cambio climático, la disminución y el empeoramiento de recursos como el suelo o el agua, entre otros factores, conforman un entorno ambiental más proclive a la proliferación de epidemias.

También están preocupados por el medio ambiente y por si el impacto del virus se ha visto intensificado debido a los niveles crecientes de daño medioambiental. Por lo tanto, como resultado de estos cambios de actitud, los consumidores buscan ahora adquirir y dar consumo a alimentos y bebidas de origen ecológico que promuevan el bienestar y mantengan su energía en estos tiempos difíciles a la vez que minimizan el impacto en el medio ambiente.

Existen evidencias de que las epidemias acaecidas en la historia reciente han sido originadas mediante el contagio de animales a humanos en contextos de ganadería intensiva, en entornos ambientalmente inapropiados.

A raíz de la pandemia, los ingredientes beneficiosos y la transparencia del etiquetado son ahora más importantes que nunca para los consumidores de todo el mundo

España es el principal productor y suministrador de productos ecológicos de toda Europa: el 35 % de los alimentos orgánicos que se consumen en el continente proceden de nuestro país.

La población despojada de vida social, movimiento y consumismo, ha quedado  abocada a las cosas básicas, como ir a comprar alimentos, cocinar, trabajar y convivir estrechamente con la familia. Todo esto ha acelerado el uso de plataformas digitales para la compra y consumo de alimentos de origen ecológico. Sin embargo, muchos negocios no estaban preparados para el comercio electrónico y han tenido que desarrollar nuevas estrategias para estar más presentes en el mercado online.

Es más que probable que la compra online en alimentación haya venido para quedarse, por lo que el reparto a domicilio, centros de trabajo y centros escolares puede experimentar un incremento significativo en el futuro, por lo que los requerimientos logísticos también crecerán paralelamente.

El sistema alimentario global debe impulsar cambios hacia un modelo más local y sostenible, estos cambios deben venir de políticas y políticos valientes, de una unión efectiva de los productores, para mejorar su capacidad de respuesta y ganar soberanía en la cadena alimentaria, pero especialmente debe venir de los consumidores, con nuestra opción de compra que es la herramienta más poderosa.

Es preciso emprender un verdadero plan de reconversión en España que tenga como objetivo que el tejido económico remonte el círculo vicioso de los efectos de la crisis. Para ello, las políticas de incentivos destinados al sistema agroalimentario deben orientarse a impulsar el consumo ecológico

La agroecología es quizás el principal enfoque de la agroalimentación sostenible y saludable, caracterizado por proponer soluciones desde la confluencia no sólo de la agricultura, la alimentación y la ecología, sino también de la cultura, la sociedad y la economía. Por lo tanto, su puesta en práctica genera externalidades ambientales positivas, contribuye decisivamente a la acción por el clima y privilegia el fomento de las economías locales.

Es urgente que agricultores, ganaderos, agroindustriales, administración regional y local, consumidores, activistas, universidades y centros de investigación, cooperen en la creación de redes interdisciplinarias de innovación y acción, que tengan como objetivo la resolución de los desafíos específicos, localizados y cambiantes para que, como resultado, se afronte la agroecología en el futuro próximo.