El Ebro está considerado el río más importante de la península Ibérica; su delta es de una gran riqueza biológica, protegido por el convenio internacional RAMSAR (1993). Durante muchos años se han vertido sustancias contaminantes que van desde las descargas de industrias aledañas hasta agroquímicos en sus aguas, afectando la fauna piscícola y toda la cadena trófica asociada, en fin, todos los ecosistemas asociados.

El principal elemento biocida detectado es el mercurio, que se acumula en los peces y de allí pasa a los seres humanos afectando severamente la salud. Dentro del marco legal de la Ley de aguas (1980) así como la Ley 11/2005, de 5 de junio de modificación del Plan Hidrológico Nacional, ha permitido el desarrollo e implementación de acciones para lograr la recuperación del río hasta su delta, restableciendo los ecosistemas alterados.

¿Cuándo comenzó la histórica contaminación del río Ebro?

La producción de compuestos químicos en las orillas del Ebro se remonta a finales del siglo XIX. En el año de 1895 se instaló la fábrica alemana Ercros junto a un meandro del Ebro, ubicado en el municipio Flix, en la provincia de Tarragona. Esta compañía estaba dedicada en sus comienzos a la producción de cloro y este emplazamiento resultó favorable, por tener a su disposición las materias primas necesarias, tales como la sal de las minas del delta y el carbón proveniente de Mequinenza aparte de las aguas del mismo río.

El cloro era obtenido mediante un proceso electrolítico para separar el cloro de la sal mediado por el mercurio. Y a pesar de que este proceso se realiza en unas piscinas diseñadas especialmente para ello, las filtraciones de mercurio y los vertidos siempre terminaban en el caudal del río.

Posteriormente, la planta amplió la gama de productos químicos como la producción de compuestos organoclorados, lo que implica el uso de hidrocarburos como materia prima, así como la producción de fosfato bicálcico, lo que conlleva a la presencia de radionucleidos en los vertidos de la planta.

Desde aquellos tiempos hasta mediados del siglo XX, no existía conciencia acerca de los daños ecológicos que ocasiona la presencia de dichas sustancias, y menos aún una legislación que estableciera mecanismos regulatorios para las descargas hacia el río. Es a finales de la década de los 80’s, cuando la planta aplica medidas para depurar las aguas y controlar sus efluentes.

Un largo proceso hacia la descontaminación

Desde sus comienzos, la fábrica descargó directamente sus desechos al río hasta el año de 1949, cuando se construyó una represa en torno a la planta. Posteriormente se construyeron 2 presas más aguas abajo con el propósito de desacelerar el río y permitir el afloramiento de los lodos altamente contaminados. Se han aislado 19 000 m3 de residuos sólidos que representan la contaminación acumulada en más de un siglo. Estos lodos contienen principalmente mercurio, compuestos organoclorados y otros metales pesados.

En el año 2001 se produjo un estado de alarma ambiental debido a que se encontró una gran cantidad peces muertos aguas debajo de la zona de flix. Un muestreo y análisis en varias muestras de agua arrojó como resultado una alta concentración de mercurio. Estudios posteriores realizados por la Universidad de Barcelona (2004) evidenció la presencia de mercurio en los peces del Ebro.

Desde el 2014 comenzó la depuración de las aguas subterráneas estimándose un volumen de 64 000 m3 hasta ahora.

Los lodos se extraen de la presa mediante un dragado ecológico de tal manera que la turbidez en el agua sea mínima. Luego de ser cribados, filtrados y secados, estos residuos se tipifican y analizan para determinar cuál es la manera más adecuada para descontaminarlos. En función del tipo de contaminante se aplican los procesos de desorción térmica, oxidación y estabilización.

Se estima que todo este proceso de descontaminación del río Ebro podría concluir en el 2022.