La escena de avionetas que fumigan glifosato sobre pueblos, escuelas e incluso hospitales ubicados en la cercanía de los campos de soja se hizo habitual en los 90s. A principios del nuevo siglo, el aumento espectacular de los casos de cáncer en las zonas fumigadas provocó una ola de protestas y los primeros estudios científicos que relacionaban el glifosato con diversas enfermedades.

El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo para eliminar la vegetación no deseada en los cultivos agrícolas y también en jardinería. Se estima que en 2014 se utilizó en un 90 % con fines agrícolas en todo el mundo.

Su amplio espectro afecta todas las plantas, las cuales absorben el glifosato a través de sus hojas y otras partes verdes, y la sustancia interfiere con la producción enzimática de ciertos aminoácidos esenciales para el crecimiento de la planta.

Donde se utiliza glifosato ya no crece la hierba, de modo de que las superficies agrícolas pueden ser limpiadas de maleza antes o poco después de la siembra o tras la cosecha. Todo esto reduce la diversidad y cantidad de especies vegetales, y afecta a seres vivos cruciales para la agricultura, como son los polinizadores.

Catalogado por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) como probable cancerígeno en humanos, tóxico para los organismos acuáticos y con efectos nocivos duraderos

Fue comercializado por primera vez por la empresa estadounidense Monsanto con el nombre de Roundup en la década de 1970. La patente caducó en 2000, por lo que hoy numerosas compañías producen el herbicida, muchas veces combinado con otras sustancias que pueden ser más tóxicas que el propio glifosato.

El boom del glifosato ocurrió hace más de una década debido a su bajo precio y su fácil aplicación, por lo que su uso en la agricultura abarata los costos laborales y elimina la mano de obra, ya que otros medios pueden ser menos efectivos y más costosos.

Millones de hectáreas de tierras de cultivo y parques son rociadas con glifosato cada año en todo el mundo, generando graves impactos en el medio ambiente.  Cuando se usa en agricultura, este compuesto contamina el suelo, el agua y afecta a otros seres vivos. Sus residuos permanecen en los cultivos, así es como tiene presencia en lo que comemos, en el agua y nuestros cuerpos.

Los agricultores que lo utilizan alegan que no hay alternativa, ya que es barato y eficaz, y advierten que una prohibición de su uso podría disparar el precio de los alimentos.

Entre los grupos de riesgo y más vulnerables se encuentran las personas que se dedican a la agricultura, sus familias, fetos, bebés y la infancia. Para aquellas personas que no nos encontramos en estos grupos, la alimentación es la principal vía de exposición al glifosato

Este herbicida continúa usándose masivamente en España. La OMS clasifica al glifosato como posible cancerígeno

Pese a los 9 700 millones de euros en indemnizaciones que Monsanto debe pagar por las fumigaciones con glifosato en EEUU y el informe de la OMS que lo clasifica como ‘posible cancerígeno’, este herbicida continúa utilizándose masivamente en España y en la UE después de que la comisión renovará su uso en 2017 por 5 años más.

Es el herbicida más vendido en España y una plaga que afecta el medio ambiente, nuestros ríos y las personas. En España hay más de 100 productos autorizados para la agricultura, silvicultura, jardinería y aplicación doméstica que contienen glifosato.

Un informe presentado por Ecologistas en Acción  muestra las analíticas de glifosato tomadas en 10 de las 17 demarcaciones hidrográficas de España que confirman la elevada presencia de este agrotóxico. Según la organización, los datos muestran «las deficiencias de la legislación europea y española, y la necesidad de que las administraciones autonómicas y estatales actúen para reducir la contaminación de este plaguicida en el medio acuático».

La agricultura ecológica muestra cada día que no solo es la mejor opción para proteger nuestra salud y el medio ambiente, sino que es capaz de alimentar al planeta si se hacen las inversiones adecuadas y ser una fuente imparable de empleo verde

La solución está en adoptar un modelo de agricultura ecológica donde se promueva el equilibrio ecológico basado en la biodiversidad, siendo la única forma de garantizar alimentos sanos para hoy y también en el futuro.

A pesar de que la industria química con sus agresivas campañas de marketing insiste que no es posible mantener la agricultura sin recurrir a fertilizantes y plaguicidas sintéticos, la realidad es que en la agricultura ecológica se utilizan muchas técnicas para controlar las plantas espontáneas como el incremento de la diversidad de cultivos, la rotación de cultivos, la eliminación manual y mecánica, los acolchados o el pastoreo.

Austria se convirtió en julio de 2019 en el primer país de la UE en prohibir el glifosato, una decisión que imitó Luxemburgo a principios de 2020, con un amplio programa de indemnizaciones para que los agricultores puedan sustituir este producto por otros herbicidas menos tóxicos. Tanto Bélgica como Francia se mostraron muy críticos con la decisión de renovar el glifosato y plantearon prohibirlo por su cuenta.

En España se debe exigir a los ayuntamientos que no se utilicen productos que contengan glifosato en parques, campos y jardines, que las empresas de jardinería y los agricultores locales dejen de utilizarlo.

Que se elabore una normativa para que cualquier persona que tenga que utilizarlo lo haga ajustándose a la ley de manera que la población no sufra contaminación alguna, y que se realice una campaña informativa para que se conozca sobre los medios ecológicos, los cuales son más beneficiosos para el entorno, la salud y la biodiversidad.